martes, 16 de marzo de 2010

"Y el Titicaca, el lago sagrado de Los Andes es la celeste lágrima que derramó el genio del mar cuando las cordilleras subieron del abismo" (leyenda escrita en la pared de la habitación Phajsi en lo de Alfonso, Isla del Sol)

Saudade II (o cómo cada vez es más difícil)



Recuerdo una frase que me dijo Lionel, volviendo de Villa La Angostura, cuando uno empieza a reconocer Puerto Madero y ve la 31 y las rampas de Retiro... Lio tiene una manera particular de hablar, en este micro de larga distancia se acuesta en su asiento, suspira sólo como sabe hacer él y me dice mirándome a los ojos: "Estoy harto de volver"

Saudade

Aprendí con el tiempo que no necesito nada. No me hace falta ese sweater apolillado con olor a vos, ni el disco doble de los Beatles que me diste rayado y yo lo terminé de arruinar de tanto escucharlo, tampoco quiero encontrarme cada vez que revuelvo mis papeles con ese librito viejo que me diste una tardedespedida catastrófica en un lugar lejano, como premio consuelo, como la peli de cable que le ponés al pibe que quiere ir al cine.
Todo un cajón podría llenar con cosas de vos, pero lo que necesito es tu mirada miel, el olor a tus cigarrillos, el abrazo sincero, el olor de tu pelo, tus manos curtidas, la barba de días, la risa aniñada, los mates temprano.
Llévense todo si eso hace falta, para que estés de vuelta acá.

viernes, 12 de marzo de 2010

Mute (o cómo decirle a varias personas sutilmente que quiero que se callen)

¿Cuándo vamos a poder callar los ruidos de nuestra cabeza para aprender a escuchar al corazón?
¿Por qué cuesta tanto el silencio?
¿Qué tenemos miedo de escuchar?
¿Cuántos destinos hace falta recorrer y conocer para darse cuenta que hay cosas que hablan sin hacer ruidos?
¿Cómo es tu silencio?
¿Nos conocimos callados alguna vez?
¿Qué sucede entre los cuerpos cuando las palabras ya no alcanzan?
¿Y las miradas?
¿Alguna vez conociste a alguien y que las palabras no hagan falta para entenderse?
¿O sentiste algo que jamás en tu vida vas a poder contar?
¿Qué estamos esperando para ser sinceros con lo que queda de nosotros?
¿Qué estamos esperando?

escrito en Coroico, algún día de febrero del 2009

Quitapenas


(Primero leer primer parte acá)

Acá el carnaval es como que a todos les guste cumplir años y dé la casualidad que todos los cumplen la misma semana. Millones de bolivianas y bolivianos de festejo. Lo que era misera se transforma en alegría, abundancia, agradecimiento. Se baila hasta que sangran los pies, se toma hasta que sangra el vómito. Los niños/futuros guerrilleros organizan con una estrategia muy prolija la trayectoria de sus misiles/bombuchas de agua y el 95% de las veces dan en el blanco. Señoras, señores, niñas y niños con piloto de lluvia bajo un sol radiante a la espera de la lluvia plastificada, el bombardeo de colores que se avecina detrás de cada ochava.
Se baila como si nunca más se fuera a bailar y la chola más huraña se transforma y sonríe monstrando toditos sus dientes de oro. Las penas y los harpaos se dejan en casa y se sale con la mejor ropa a bailar por las calles.
Los músicos tocan por horas y horas. Las orquestas son como grandes máquinas con engranajes oxidados que se aceitan con cerveza, vino y singani.
La madretierra pachamama borracha de felicidad, regada de alcohol y tabaco, contenta porque todos la quieren y agradecen y valoran y no le quieren hacer el mal. El cielo se llena espumas Rey Momo, de humo de petardos, de papel picado.
Las casas incoloras, insulsas, se transforman de la noche a la mañana, se adornan y maquillan con guirnaldas, globos y serpentinas.
Hasta el viajero más experimentado se sorprende... En Bolivia nieva, sólo una vez al año con 30°C: en carnaval.

La manzana envenenada

Bolivia es desolador. En al ruta se ven los campos y las casas de los campesinos sin luz, sin agua, sin gas, sin colores. Todo es un marrón grisáceo. A los costados del camino niñas y niños descalzos inventan juguetes imposibles con lo que tienen a mano, latas, palos, basura. Acá la niñez, con un plato de comida caliente y un abrigo por las noches, puede dormir tranquila.
Mujeres y hombres bolivianos trabajan más que cualquier persona workoholic que haya conocido, y no lo hacen  por ambición, codicia o sed de querer ser ricos, es apenas para poder darle de comer a sus hijos y comprar la ropa necesaria una vez al año.
El trabajo campesino es duro y muchas veces la cosecha se arruina y aquel que trabajaba en el campo debe conseguir otro empleo para poder recuperar lo perdido.
Los mineros, soldaditos de plomo y plata, trabajan en condiciones inhumanas por muy bajo salario y arriesgando su vida al máximo, muriendo de silicosis (cáncer de pulmón por el plomo inhalado) o por derrumbes. De a poco e intenta erradicar el trabajo infantil en la minas pero hay familias con tantos hijos para mantener que algunos deben crecer de golpe para empezar a trabajar y así ayudar económicamente en la casa.
Ojos negros de niños de plomo con una vida muy corta y oscura por delante. Ojos que por 8 horas diarias no ven el sol, ni comida, sólo coca, tabaco y alcohol. Ojos negros yendo a entierros de otros, que luego serán el suyo, que serán de sus hijos y sus nietos. Viudas negras, de plomo, cargando con siete enanitos, negranieves sin marido, sin hogar ni zapatos. La manzana envenenada es la realidad y acá, todos hambrientos, se a zamparon de una mordida.

(Sigue acá...)

miércoles, 3 de marzo de 2010

Oportuno


Si Alicia Volviera (por Eduardo Galeano)

Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana.