viernes, 12 de marzo de 2010

La manzana envenenada

Bolivia es desolador. En al ruta se ven los campos y las casas de los campesinos sin luz, sin agua, sin gas, sin colores. Todo es un marrón grisáceo. A los costados del camino niñas y niños descalzos inventan juguetes imposibles con lo que tienen a mano, latas, palos, basura. Acá la niñez, con un plato de comida caliente y un abrigo por las noches, puede dormir tranquila.
Mujeres y hombres bolivianos trabajan más que cualquier persona workoholic que haya conocido, y no lo hacen  por ambición, codicia o sed de querer ser ricos, es apenas para poder darle de comer a sus hijos y comprar la ropa necesaria una vez al año.
El trabajo campesino es duro y muchas veces la cosecha se arruina y aquel que trabajaba en el campo debe conseguir otro empleo para poder recuperar lo perdido.
Los mineros, soldaditos de plomo y plata, trabajan en condiciones inhumanas por muy bajo salario y arriesgando su vida al máximo, muriendo de silicosis (cáncer de pulmón por el plomo inhalado) o por derrumbes. De a poco e intenta erradicar el trabajo infantil en la minas pero hay familias con tantos hijos para mantener que algunos deben crecer de golpe para empezar a trabajar y así ayudar económicamente en la casa.
Ojos negros de niños de plomo con una vida muy corta y oscura por delante. Ojos que por 8 horas diarias no ven el sol, ni comida, sólo coca, tabaco y alcohol. Ojos negros yendo a entierros de otros, que luego serán el suyo, que serán de sus hijos y sus nietos. Viudas negras, de plomo, cargando con siete enanitos, negranieves sin marido, sin hogar ni zapatos. La manzana envenenada es la realidad y acá, todos hambrientos, se a zamparon de una mordida.

(Sigue acá...)

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