Llego de Uruguay con un sueño insoportable. Me clavé un dramamine entero antes de subir al barco ya que a la ida se movió zarpado y la sufrimos un poco. Precavida tomé la pastillita mágica, media hora antes de partir de regreso.
Una vez en el barco no me mareé ni a gancho. Tocamos la guitarra con juchi en la parte de arriba donde la gente sale a fumar y a ver el agua y sentir el viento en la cara y me acordé de la siguiente escena:
- Calafate, último día de viaje con Feli, Dami y Lio por el sur del sur. El pasaje de micro salía 340 pesos y el de avión 350. El micro tardaba 48 hs en llegar, el avión sólo 2 horas. Ni lo dudamos.
(Me encanta viajar y todo lo que eso implica, pero suelo marearme zarpado en los aviones, en los barcos y en algunos micros... ésto no suele ser un impedimento para que siga viajando... pero digamos que no es una fiesta lo que sucede... sino sería algo así como lo que pasa generalmente después de una fiesta, cuando uno quiebra después de un terrible pedo. Pero sin fiesta, sin alcohol... simplemente el vómito incontrolable.
En el avión de México vomité también, volviendo. Habíamos ido al Café Tacuba, a tomar unas cocas y comer unos nachos con guacamole y se ve que me cayeron muy mal porque tuve que usar las bolsitas esas de papel por primera vez en mi vida. Igual emboqué re bien, y al rato fue como si nada hubiese pasado, un tipo tatuado me ofreció unos chicles calmantes o algo así y dormí el resto del viaje hasta la escala en Perú)
Pero lo que venía a contar es que en Calafate, me tomé un dramamine antes del vuelo y el vuelo se atrasó y el dramamine hizo efecto y me quedé dormida en el piso del aeropuerto (hipercheto, por cierto) y no recuerdo bien cómo es que abordamos, ni nada concreto del viaje. Impresentable.
Eso era todo, les mando un beso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario